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“Cual lluvias primaverales”

“Los años alegres”

“Los días felices”

“Pasaron como una exhalación”

 

 Recuerdo de  Adrián, el más pequeño de mis  hermanos, la  mirada soñadora de sus  ojos verdes. Y  un relámpago de dignidad herida en su bello rostro cuando le recordaba quien mandaba entre los hermanos. El no aceptaba órdenes ni autoridad de mayorazgo. Adrián estaba siempre alerta en los juegos, era el más osado, el más valiente, el irreductible en las luchas infantiles.El que no se rendía nunca, con el que sus hermanos mayores con esa convicción de ser los mas fuertes por mayores, se estrellaban con la resistencia orgullosa y enérgica que encarnaba el Adrián de 6, 7años. Una anécdota: los hermanos  teníamos un club doméstico : Los Aguilas Rojas. La condición para formar parte  era una prueba terrible: al anochecer -teníamos en la casa de La Plata  un terreno enorme, o nos parecía enorme- el aspirante debía sin linterna ni velas, caminar lentamente contando cien pasos en línea recta hasta un gallinero del vecino en ruinas al fondo mas allá de un peral, que era el límite de nuestro terreno. Había que saltar el  alambrado y en ese gallinero con sólo la lumbre de un fósforo, había que buscar una herradura que habíamos dejado –de día por supuesto- y traerla consigo como prueba de haber llegado al final. El fondo de la casa estaba plagada de gatos, gallinas sueltas y malolientes , pastos altos y para todos nosotros poblada de espectros terribles y desconocidos. Los tres, Jorge, Donato y yo –Aguilas Rojas fundacionales - propusimos al candidato la prueba, que cumplió escrupulosamente esa misma noche ante nuestro asombro y reverencia. Sobretodo quedamos estupefactos porque ninguno de los tres había hecho semejante iniciación y nos la habíamos inventado para escarmentar la pujanza y la temeridad del pequeño Adrián que se le había ocurrido ser uno de los nuestros. Nos salió como dicen el tiro por la culata y lo aceptamos en nuestros juegos como un igual a pesar de la diferencia de edad. Nos brindó un mensaje de decisión y carácter, condiciones que se fueron afianzando en la adolescencia. También , y lo tengo fijo en la memoria–a pesar de nuestro antimilitarismo- que elegante, que distinguido estaba con su uniforme de cadete, con esa capa de nueve metros de ruedo, con el espadín al cinto dorado, con su pelo rubio y corto, con ese rayo en la mirada.

Ahora mismo me acuerdo que por causa de una formación incorrecta de las piernas, lo enyesaron a los cinco años por mucho tiempo y tuvo que soportar, imperturbable, estoico, la inmovilidad y las molestias. Me acuerdo porque nuestra madre nos obligaba a permanecer algunos momentos con él, darle charla o jugar algún juego pasivo. Esta es otra cualidad del Adrián que evoco: templado, resistente tal como lo reconocimos más adelante. Otra cualidad y no la menor era su inteligencia: trabajaba como analista de sistemas cuando aún no existían en Argentina los ingenieros informáticos, aquellos que elaboran el software, o sea los programas a la carta. Parece que (y esto dicho por gente ajena a la familia) Adrián tenía una capacidad extraordinaria para estructurar y elaborar un programa de recogida y búsqueda de información , una mente privilegiada que le permitía tener trabajos bien remunerados en una profesión que despuntaba en los setenta, cuando por ejemplo Windows apenas iniciaba su andadura.

Pero el fuerte de Adrián, su mejor cualidad sin ninguna duda era su lealtad y entrega con los camaradas, una manera especial de saber escuchar y comprender a sus amigos, una franqueza al exponer sus sentimientos y a la vez capacidad de reconfortar y consolar, que le valieron afectos fraternales y recuerdos intensos aún hoy de sus amigos y conocidos , admiración por su comportamiento humanitario y coherente.

Hoy ya no están entre nosotros.  Recibimos junto a  los restos de Adrián y su mujer Susana,  la evidencia que nos sustrajeron durante tantos años de duda y desasosiego la violencia irracional. Que esos asesinos  tuvieron miedo de sus humanidades sensibles, desconfianza con las  personas buenas y solidarias. Destruyeron unas  conciencias responsables e irreductibles.

Morimos cuando ya nadie se acuerde de nosotros, dice el poeta. Adrián y Susana permanecerán en nuestros corazones para siempre, serán una guía permanente para mejor encarar con probidad nuestros actos, un ejemplo irreprochable de ansias de justicia y fraternidad, un canto a la vida eterna de los mejores.

Las lágrimas que hemos vertido en tantos años de ausencia, deberían ser nutrientes futuras de memoria fértil. Como aquel pino cuyas raíces envolvieron y se nutrieron del cuerpo querido, así  debe crecer nuestra fe en la justicia y en la reparación que defienden las organizaciones populares.

 

A continuación transcribo las palabras de la  nieta de Adrián y Susana, mi sobrina nieta, Pilar  de 16 años en el homenaje a sus abuelos, cuyos cuerpos fueron descubiertos en una fosa común.

 

“Hola, primero que nada, soy la nieta de Adrián Bogliano y Susana Leiva, tengo dieciséis años y crecí y viví con una verdad, mis abuelos eran desaparecidos, fue difícil que mi mente perturbada de tres años comprendiera el termino desaparecidos, y mi mamá que aunque a veces le reproche hizo bien siempre, me fue con la verdad, la curiosidad de una nena que ve que sus abuelos no están y no comprende porque aumenta más cuando le dicen que desaparecieron y las preguntas fluyen, ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Dónde?, realmente nunca me di cuenta que mis familiares habían sufrido mucho con todas las cosas que habían pasado, era inconsciente, yo quería saber. Aprender que hubo un terrorismo de estado, que un gobierno mataba personas porque  pensaban diferente al mismo tiempo que aprendía a escribir fue fuerte fue un choque con la realidad temprana; me lo explicaban de la siguiente manera que nunca voy a olvidar: “Antes si vos pensabas que una bandera era roja pero para los presidentes era azul te mataban” ¿y cómo yo iba a aceptar que a mis abuelos los mataran por pensar que una bandera era de otro color?, eran conceptos básicos pero ya me daba cuenta que era pura injusticia. Cuando tenía siete años, mi colegio participó en un proyecto donde los alumnos de primarias y secundarias presentaban derechos del niño con dibujos, yo había puesto tengo derecho a tener juguetes o algo por el estilo, ahí fue cuando mi profesora de plástica me dijo, “pensá en algo que te afecte a vos que sea muy importante”. Nunca voy a olvidarme de sus palabras; ahí fue cuando pensé en ellos y mi creación que luego ganó un premio fue: “tengo derecho a conocer a mis abuelos, por que vinieron los militares” y agregado por la profesora en lapicera y escribió: y los mataron. A veces lo pienso y me da piel de gallina, yo no sabía si los habían matado, un poco de mi tenía la esperanza que estén en una isla perdidos y que cuando los rescataran iban a venir con nosotros.

También tengo recuerdos de ir con mi hermana y mi primo a Hijos cuando recién empezaban y saberme de memoria las canciones de las marchas, llevar los carteles era lo más divertido. El tiempo pasó nunca lo pude agradecer públicamente pero gracias a ellos, que nunca los conocí claro, pero de alguna manera contribuyeron a que se haga mi fiesta de quince que fue impresionante, no viene mucho al caso pero quería agradecerlo frente a todos. Hoy ellos aparecieron, la palabra desaparecidos bastante perturbadora y desalentadora no los califica más pero el recuerdo de haber vivido tanto pensando eso está. Mi intención es solamente expresarles que tan difícil es no saber si un día abrís la puerta y ellos están ahí con los brazos abiertos dispuestos a todo por vos, no me quiero expandir mucho así que les voy a contar un ultimo recuerdo, cuando era chica amaba los animales, me fascinaban y un día le dije a mi tía Florencia, hermana de Adrián, que me gustaban mucho ella me dijo seguro que si tu abuelo estuviera acá te llevaría a África a que los conozcas a todos, y a mi quien me daba razones lógicas de por qué yo no estaba en África con mi abuelo fachero y por qué no podía ir los domingos a visitarlos a ellos absolutamente nadie ni hoy consigo resolver esa respuesta, tal vez nunca lo consiga, por eso hoy digo y repito TENGO DERECHO A CONOCERLOS, TENGO DERECHO A HABERLOS TENIDO CONMIGO Y ELLOS MISMOS TIENEN DERECHO A HABER TENIDO UNA VIDA PLENA. Hoy están sí, pero no como deberían estar, ya que fueron sometidos a una muerte violenta e injusta, poder ir a visitar sus cuerpos después de todo lo que pasamos es un alivio pero no es como deberían ser las cosas. Agradezco a toda mi familia porque siempre me dijeron la verdad, dura, pero real, a las charlas con todas mis tías abuelas que nunca me filtraron nada, siempre contándome lo guapo que era mi abuelo y lo coqueta que era mi abuela y por el apoyo que le dieron a mi mamá y a mi tía que las amo y que admiro la fuerza que tienen, a todos los que los buscaron y gracias a ellos hoy ya no son más desaparecidos, palabra que detesto. Gracias, a ellos por luchar por lo que creían, lo llevo en la sangre, si algo me parece injusto o no me gusta no puedo quedarme callada de ninguna manera, y no sé cómo expresar que mi vida hubiera sido tan linda tan llena con ellos. Pero como se dice,  es cerrar una etapa, es arrancar de nuevo de otra manera. Ellos hoy están y eso importa. Pilar